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VacunaPapilomaCuando hace años nos hablaron en el Congreso Nacional de Ginecología sobre la investigación para conseguir una vacuna frente a los virus del papiloma humano desencadenantes en buena medida del cáncer de cuello de útero parecía que podíamos ganar un poco más en la prevención de esta patología, que ya había sido muy controlada por la realización sistemática de citología en las mujeres.

Sin embargo, cuando los laboratorios empezaron a presentarnos el producto final, y sobre todo cuando lanzaron la campaña publicitaria en televisión para la población en general, el concepto de prevención se perdía para transformarse en mero comercio. El discurso empleado había perdido la “objetividad científica” y se quedaba reducido a aquellas frases que podían estimular el miedo:

  • Todas las mujeres pueden ser infectadas a través de las relaciones sexuales con el HPV.
  • El HPV provoca el cáncer de cuello de útero.
  • Todos los días mueren mujeres por cáncer de cuello de útero.
  • Tenemos y vendemos la vacuna que te protegerá.

En efecto vendieron muy bien, porque sugerían la idea del cáncer y la muerte pero nunca daban cifras estadísticas comprensibles como que en España en el año 2012, según la SEOM (Sociedad Española de Oncología Médica) sólo 6 de cada 100.000 mujeres ha presentado un cáncer de cuello de útero, y sólo 2 de cada 100.000 mujeres ha muerto por esa causa.

Poco después se iniciaron las campañas de vacunación masiva de adolescentes, aunque todas las investigaciones y pruebas se habían realizado en grupos de mujeres adultas. No tardó en saltar la noticia de los ingresos hospitalarios de adolescentes con síntomas severos poco después de haber sido vacunadas, y ante la alarma generada se formó “un comité de expertos” para investigar la posible relación. Como por arte de magia, porque desde la investigación científica era prácticamente imposible, en menos de un mes el “comité de expertos” publicó que no había evidencia suficiente para asegurar que la afectación de las adolescentes se debía a la vacuna administrada.

Lo que no dijeron es que no podían asegurar que la afectación de las adolescentes no estuvies relacionada con la administración de la vacuna.

Las vacunaciones han seguido, y con ellas ha ido creciendo el número de adolescentes afectadas, con muy poco cuestionamiento desde las autoridades sanitarias, desde la mayoría de los médicos y desde la población en general que sigue prefiriendo vivir en la creencia de que son los médicos los que saben y pueden cuidar la salud de cada uno.

Todos en general se inhiben de responsabilidad frente a la opinión del “comité de expertos”. Por fin una voz con peso específico lanza una campaña clara: el Dr. Carlos Álvarez-Dardet, Catedrático de Salud Pública de la Universidad de Alicante, ha preparado un documento explicativo claro abogando por que se excluya esta vacuna del calendario de vacunaciones en España, y pide la colaboración de cada uno de nosotros con nuestra firma si estamos de acuerdo.

Agradezco a cada un@ por dedicarle unos minutos de atención, sea cual sea vuestra opinión final.

Dra. Alicia Fontanillo. Ginecóloga

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