FotoPartoCasaMichel Odent, dentro de su modelo de desarrollo hormonal del parto, ha manifestado en repetidas ocasiones que la presencia de una cámara de fotos o de vídeo en un parto es un factor de estrés contraproducente y distorsionador de su desarrollo normal.

Desde nuestro punto de vista y desde la experiencia de muchas familias, creemos que esta afirmación habría que matizarla y valorarla en cada caso particular. Tal y como comentábamos en nuestro libro “Parto emocional. Vivir y acompañar el nacimiento” la uniformidad, tan valiosa para la cría industrial de animales, no se aviene con el parto humano; más aún, precisamente la capacidad específicamente humana de ligar el parto con la experiencia emocional y biográfica hace que este sea un acontecimiento único, irrepetible y personal abierto a múltiples posibilidades y decisiones.

Sobre el deseo de algunas familias de grabar o fotografiar su parto (e incluso mostrarlo en internet) creo que conviene ser prudentes en el opinar y hábiles en el poder escuchar las necesidades de cada familia respetando sus decisiones y apoyándoles en la forma en que han decidido acompañar, vivir y recordar el nacimiento de sus bebés.

Por eso en esta entrada del blog del parto en casa, más que pretender posicionarnos en uno u otro sentido, preferimos simplemente mostrar distintas opiniones y experiencias sobre este tema. Dos de ellas, recogidas en esta misma entrada son de familias. La primera corresponde a una familia que optó por fotografiar el nacimiento de su hijo. La segunda a una familia que aporta sus motivos para tomar la opción contraria.

Por motivos de extensión dejamos para otra entrada la opinión y la experiencia de algún profesional de la fotografía.

(Por respeto a la intimidad de las familias hemos usado seudónimos en sus relatos)

Esperanza, Ramón y Mario

PartoCasaAlicante

Como fotógrafos aficionados que somos, optamos por plasmar el recuerdo del parto en casa de alguna forma. Yo soy muy reportera pero sabía que en esos momentos no era adecuado ni hacer yo las fotos ni que Ramón estuviera pendiente del reportaje, sino más presentes en lo que ocurría, los dos, acompañándonos. Tampoco nos parecía bien la idea de tener a alguien fotografiando la escena. Así que optamos por elegir una esquina del comedor, lo que intuíamos que iba  a ser el escenario principal y colocamos la cámara de fotos (pero que graba video) para que Ramón la pusiera en marcha en un momento dado. Después de hacer las pruebas oportunas, dejó la cámara con el trípode y la noche que empezaron las contracciones la preparó y cuando llegó el parto le dió al botón, pero… la inexperiencia de no haber realizado todavía videos con esa cámara nos pasó una mala jugada y la cámara se recalentaba y se paró antes del momento crucial, así que tenemos el antes y el después pero no el parto en sí.

Nosotros pensamos que es muy bonito tener un recuerdo del nacimiento de tu hijo, pero es aún más importante vivirlo en primera persona, por tanto, la opción más interesante para nosotros es que esté todo listo y darle a un botón.  Para nosotros no era una buena opción tener a alguien, por allí dando vueltas y tomando fotos, por mucha confianza que tuviéramos, porque, en ese caso sí podría perturbar y vivirse como una amenaza que repercutiera en el normal desarrollo del parto.

Sandra, Ángel e Irene

No fotosNuestra hija nació una mañana de primavera. Nació en nuestra casa. Estábamos nosotros y las dos mujeres que nos ayudaron y acompañaron. A las siete de la mañana nuestra hija empezó a avisarnos y a las doce ya estaba agarrada a la teta de su madre.
Fue todo muy rápido, muy intenso, muy hermoso. Fue muy verdadero, muy humano. La madre estaba fuera de sí, metida en su interior, llamando a su hija desde las entrañas… ella no se iba a ocupar de “eso”. El padre estaba presente. Entró en una especie de trance y perdió la visión periférica. Solo tenía palabras, oídos , manos y ojos para su mujer y su hija. Por eso, él tampoco se iba a ocupa de “eso”.

Habíamos hablado de que no queríamos que nada interfiriera, que bastante teníamos con preocuparnos de los vecinos, de nuestro hijo mayor…. ¡como para preocuparnos de una cámara! Sin embargo… ¿y el sonido?. Sería hermoso tener un recuerdo, grabar el sonido del parto. “Se pone una grabadora y te olvidas…”, “pero que no nos descentre, no es una prioridad…”

Y tuvimos un recuerdo pero no grabado. La música  de Kusturica y de Serrat,  la luz de junio en ese rinconcito de nuestro cuarto donde nuestra hija decidió nacer, el cariño y el buenhacer de nuestras amigas… el amor profundo a nuestra hija , a la vida, nuestro amor cómplice…

No, al final no nos ocupamos de “eso”.

Las siguientes horas fueron tan intensas que la cámara seguía olvidada. Una foto de nosotros, de la bebé , de sus primeras horas… no, tampoco, tampoco nos ocupamos de “eso”. La primera foto la hicimos con nuestro hijo, cuando llegó emocionado, muy serio  y cogió a su hermana en brazos en nuestra cama y le dio un beso en la cabeza. Esa es la primera foto. Ahí salimos del extasis para reencontrarnos con  la  realidad que significaba ser padres.

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