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Cuando tenía 15 años mi madre me llevó al ginecólogo porque mis ciclos eran irregulares; después de hacerme una ecografía me dijo que tenía ovarios poliquísticos, y me dio de tratamiento la píldora para regular la regla. ¿Tengo que seguir tomándola?

14464875617489Esta situación es bastante común, y en muchas ocasiones genera una gran inquietud porque con facilidad se acompaña de comentarios sobre la posible influencia en la fertilidad. Si se busca información en interned aparecen cientos de entradas respecto al SOP(Síndrome de Ovarios Poliquísticos) que es un complejo síndrome metabólico que puede afectar al 8% de las mujeres, cuyo diagnóstico pasa ineludiblemente por la realización de análisis hormonales específicos donde se demostrarán alteraciones y que tiene una tasa alta de infertilidad. 

La mayoría de las jovenes a las que se les adjudica la etiqueta de ovarios poliquísticos no tienen realmente un SOP, sino que están atravesando el periodo de maduración normal del ciclo ovárico. Precisamente respetar y no interferir este periodo madurativo será la alternativa con más garantías de alcanzar un buen índice de fertilidad.

Es muy común la idea de que los anticonceptivos hormonales como la píldora te regulan la regla, y este dato se considera positivo. Sin embargo es una verdad que esconde un engaño que puede tener consecuencias:

  • LA VERDAD: la toma regular de una dosis combinada de estrógenos y gestágenos (píldora, parche, anillo) induce en el interior del útero el crecimiento del endometrio de manera similar a como lo hacen nuestras propias hormonas, y al dejar de tomar la dosis hormonal en la semana de descanso o con las pastillas placebo de otro color se deteriora el tejido y se produce la regla de manera similar a como sucede en los ciclos espontáneos, aunque nunca exactamente igual. La regularidad de la regla depende de la regularidad en la toma de las hormonas; si cambias el ritmo de la toma también cambiará la aparición de la regla.
  • EL ENGAÑO: esta toma regular de hormonas engaña a la hipófisis, una pequeña glándula situada detrás de nuestro entrecejo, sobre la base del cráneo y como colgando del cerebro, que es la encargada de regular y coordinar el funcionamiento hormonal de nuestro organismo. Esta glándula, entre otras acciones, envía los mensajes al ovario para que realice su función cíclica de maduración, ovulación y preparación para recibir el posible embarazo; y a la vez lee los niveles de las hormonas en la sangre, de manera que cuando al final del ciclo no hay embarazo y los niveles  de estrógenos y progesterona descienden la hipófisis sabe que tiene que lanzar nuevos mensajes para iniciar otro ciclo. Pero cuando empieza a leer en sangre los niveles hormonales absorbidos del tratamiento anticonceptivo cree que los ovarios están produciendo las hormonas y deja de mandar mensajes, con lo que no se produce ni la ovulación ni el ciclo ovárico.

Este engaño es la base de la eficacia del tratamiento hormonal para evitar los embarazos. Pero en las adolescentes esta interrupción del ciclo también supone una interrupción del proceso sutil y poco conocido de maduración a través del que se llega a los mejores niveles de fertilidad en el entorno de los 22-24 años, y por lo tanto el tratamiento no está mejorando la funcionalidad de sus ovarios sino que simplemente está creando una apariencia de normalidad.

Hoy en día no se está investigando mucho sobre la posible repercusión de los tratamientos anticonceptivos en la fertilidad. Esta investigación se realizó sobre todo hace 50-70 años cuando apareció la píldora,  cuando la tomaban sobre todo mujeres adultas que querían posponer o distanciar el nacimiento de sus hijos, siendo muy poco frecuente que la tomasen adolescentes aún en proceso de maduración.

Lo que si es evidente hoy en día es que la infertilidad está afectando cada vez a un mayor porcentaje de parejas, con un abanico multifactorial muy amplio en el que la toma precoz y muy prolongada de anticonceptivos hormonales puede estar presente.

Así pues, no parece necesario tratar a la mayoría de las jóvenes que presentan ciclos irregulares, y desde luego no con tratamientos hormonales que inhiben el funcionamiento ovárico. El respeto al proceso de maduración será una buena estrategia, también el apoyo positivo de generar hábitos saludables de alimentación, actividad física y descanso, y el empleo de otro tipo de tratamientos menos agresivos para el organismo. Si además es necesario incluir un método anticonceptivo, tenemos buenas alternativas.

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