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A finales de mayo se celebró la Semana Internacional Por El Parto Respetado. En su transcurso se han promovido muchas actividades, unas más informativas otras más reivindicativas, en las que se alienta especialmente a las mujeres a ejercer su  derecho a elegir cómo quiere parir cada una para después ejercer su derecho a ser atendida respetando su elección, y en algunos casos se invita también a los hombres a participar por aquello de la igualdad de derechos y obligaciones.

En nuestro país, donde los profesionales médicos especializados siguen dirigiendo y ejerciendo el control sobre el proceso de parto de la mayoría de las mujeres, con muy buen criterio los múltiples encuentros organizados han tratado de difundir y generalizar entre las mujeres y las familias la información avalada científicamente que muestra como el mecanismo de parto humano, muy similar en su fisiología al parto de los mamíferos de los que formamos parte, dota a cada mujer de excelentes recursos para afrontar la experiencia, de manera que en un porcentaje muy elevado de casos sería suficiente con una simple supervisión, sin a penas intervención, de profesionales expertos durante el proceso de parto para garantizar un resultado satisfactorio. Este es el contrapunto a la información transmitida en general desde nuestro sistema sanitario, en la que se hace siempre especial hincapié en todos los posibles peligros, justificando así la permanente intervención y manipulación de los procesos de parto. Esto favorece la aceptación de este criterio por parte de la mayoría de la población desde el miedo a lo que puede pasar.

Precisamente para ayudar a las mujeres y a las familias a superar el miedo a lo que puede pasar, se les habla del “empoderamiento” que supone tomar la decisión de tener un parto espontáneo y realizarlo, y se les informa también de las importantes repercusiones que la interferencia del proceso de parto puede tener sobre la salud del recién nacido en el mismo momento, pero también en su vida a medio y a largo plazo: dificultades para la adaptación del bebé a la vida externa, para la lactancia materna, para el establecimiento del vínculo, para la recuperación de la madre…  y repercusiones sobre la salud respiratoria, metabólica, digestiva, inmunitaria, mental… a medio y largo plazo. A veces me parece que se sustituye el miedo a lo que puede pasar por el miedo a lo que pueden no tener, al final miedo.

Aunque tanto el miedo como el dolor son imprescindibles para nuestra supervivencia y por tanto para nuestra vida, el que empleemos el motor del miedo de forma muy constante en lo cotidiano, y especialmente durante el embarazo, el parto y el inicio de la crianza, supone un alto consumo para nuestro organismo y la posibilidad de efectos secundarios nocebos. Sería mucho más interesante limitar la utilización del miedo, del dolor y de la lucha a momentos puntuales decisivos, y el resto de nuestra vida actuar y tomar decisiones desde el placer de sentir y desde la vida en relación social, que es para lo que estamos preparados fisiológicamente por la naturaleza.

Después de muchos años de profesión y de atreverme a acompañar en los partos a muchas familias con la supervisión suficiente y la mínima intervención, creo que comprendo bastante bien el mecanismo del parto en la especie humana. Desde este conocimiento yo no puedo pretender que sé cual es el parto ideal, porque no existe, solo puedo describir un modelo teórico recogiendo todos los aspectos del ser humano, y tratar de adaptarlo en cada caso.

Por todo esto mi pregunta hoy es ¿qué es un parto respetado? Teniendo en cuenta que cada persona, cada mujer y cada hombre son únicos, iguales como modelo teórico pero diferentes a nivel físico y sobre todo a nivel mental, pensar que el modelo de parto mamífero es el idóneo para las mujeres es limitante e injusto, porque las personas tenemos emociones, sentimientos, memorias, inconsciente… que los mamíferos no tienen, y de las que no nos podemos (ni debemos) desprender totalmente durante el embarazo y durante el parto.

Estoy de acuerdo en seguir defendiendo lo más pacíficamente posible el derecho de tod@s a parir en libertad, aprovechando como herramientas la intimidad, el silencio, la penumbra, el movimiento libre, la compañía reconfortante elegida,… todo lo que ayude a dar y sentir seguridad y a “no pensar” o a pensar lo menos posible durante el parto, lo que favorecerá que a nivel mental se realice la transformación personal consciente e inconsciente de la hija-mujer en madre y del hijo-hombre en padre, a la vez que favorecerá la progresión física del parto y la salida del bebé.

Parece que aceptamos que en algunos casos, pocos estadísticamente, sea necesaria la medicalización del parto, como cuando aparecen en el embarazo problemas serios de salud materno-fetal que generan alto riesgo para la supervivencia, o cuando durante el parto “respetado” aparecen signos importantes de riesgo fetal. Entonces aceptamos como buena la intervención médica y tal vez nos apiadamos de la pobre familia que ha tenido que sufrir la medicalización.

¿Pero que sucede con aquellas personas que cargan a nivel consciente o inconsciente con vivencias que bloquean su posibilidad de parir? Si finalmente su parto es medicalizado o incluso intervenido quirúrgicamente ¿Es menos valioso? O si después de elegir un parto espontáneo con profesionales respetuosos una familia se bloquea y necesita acudir a un centro hospitalario y el apoyo de una epidural, ¿vivirán la experiencia culpabilizados y preocupados por las consecuencias para el futuro? O si después de un parto espontáneo una mujer que se ha preparado a conciencia no consigue instaurar la lactancia materna y acepta criar a su hijo con biberón ¿es una madre de peor calidad?

He conocido a una mujer cuya madre falleció con su nacimiento. Durante toda su vida se había trabajado personalmente y estando embarazada consideraba que no tenía miedo al parto, que se había preparado a conciencia. Hizo sus elecciones para tener un parto respetado y esperó. Siguió esperando sin signos de alarma hasta más allá de cumplir las 42 semanas, y finalmente decidió ingresar en el hospital elegido, respetuoso con sus planteamientos, dónde le propusieron y realizaron una inducción de parto. A pesar de toda la medicalización consiguió el contacto piel con piel tras el nacimiento e instaurar la lactancia.

También he acompañado el parto de varias mujeres que habían nacido de los famosos “partos sin dolor”de los años 80, en los que se utilizaba la oxitocina, el pentotal como anestésico ligero y en los que muchas veces se utilizaba un instrumento como la ventosa para extraer al bebé. La mayoría de estas mujeres hablaba de una sensación de vacío respecto al parto, y sus respectivas madres no podían ayudarles con recuerdos puesto que el pentotal intensifica artificialmente el borrado de memoria. De  estas mujeres la mayoría aceptaron intentar un parto espontáneo y sobre la marcha decidir si necesitaban o no otros apoyos. Durante los partos pasaron por sus crisis de miedo (“no lo voy a poder aguantar” , “ya no tengo fuerza”, “me voy a romper”,…) y casi todas pidieron en algún momento la epidural, pero muchas fueron capaces de superar el miedo y progresar con el parto con el apoyo de su pareja y del entorno. Sin embargo algunas necesitaron utilizar la epidural para sentir el alivio corporal que proporciona, y así pudieron continuar con el parto y poniendo su atención en el bebé que progresaba hacia su nacimiento. Todas recibieron a sus hijos con mucho amor, con abrazo, mirada y contacto piel con piel e intentaron la lactancia espontánea: unas lo consiguieron y otras no, optando por criar a sus hijos con biberón y mucho amor.

¿Podemos respetar todos estos partos de igual manera? ¿Son todos igual de valiosos? Yo no me atrevería a decir que los hay mejores y peores porque no es más importante el cómo ha sido sino el cómo se ha vivido. Para nuestro equipo lo realmente valioso es que los padres no cedan la toma de decisiones a los profesionales sino que se hagan responsables de su salud, de su deseo y de sus limitaciones, y tomen las decisiones que consideren adecuadas para ellos y para sus hijos. Así podrán vivir una experiencia realmente personal, profundamente transformadora y auténticamente respetada.

One thought on “Semana internacional del parto respetado 2016

  1. Yo no tuve el valor para asumir el proceso. Mis partos fueron naturales y felices, con algo de anestesia pero siempre con la sensación de que no pude decidir…. Estaba en manos de “expertos”. Ahora el tiempo pasó pero sé que hace falta una educación del “empoderamiento” , de la confianza en nuestra biología, en nuestro instinto… Me ha encantado leerte. Respetuosa con todas las opciones pero defendiendo la necesidad de “naturalizar” el parto.
    Gracias

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